Introducción: un cante libre nacido en Málaga
Dentro del mapa de los palos del Flamenco, las malagueñas ocupan un lugar doblemente privilegiado: son, a la vez, símbolo de los cantes de Málaga y modelo musical para buena parte de los estilos derivados del fandango en Andalucía oriental. Se consideran un cante de gran dificultad, con una línea melódica muy ornamentada, amplia tesitura y un carácter expresivo que oscila entre lo íntimo y lo desgarrado.
Las malagueñas nacen en el cruce entre el folclore malagueño (especialmente los verdiales) y la cristalización de un Cante Jondo sin compás fijo, que abandona el acompañamiento rítmico para convertirse en un cante ad libitum. A partir de ahí, su huella se proyecta sobre palos como la granaína, la media granaína y los cantes de Levante, hasta el punto de que, en muchos estudios, la malagueña se presenta como eslabón intermedio entre el fandango local y el cante flamenco más elaborado.
Este artículo recorre el camino histórico de las malagueñas, su modelo musical, sus creadores de estilo —con especial atención a Juan Breva y La Trini— y su papel en el Flamenco actual.
De los verdiales a la malagueña: una cadena malagueña
Para entender las malagueñas hay que partir de un dato que suele olvidarse: el folclore de Málaga es uno de los más antiguos y ricos de Europa en lo que se refiere a fiestas de cante y baile. Entre esas manifestaciones destacan los verdiales, con sus pandas, sus violines, guitarras, pandero y platillos, donde ya aparece una melodía de fandango característica.
Siguiendo una línea histórica y musical, puede plantearse la siguiente cadena:
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Verdiales
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Cante y baile de fiesta, con compás marcado y acompañamiento de panda.
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Melodías de fandango que se repiten y varían en cada estilo (Comares, Montes, Almogía…).
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Malagueña abandolá o fandango verdialero
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A partir del sustrato de los verdiales, se desarrolla una forma más estilizada y “flamenquizada”, pero aún con sensación de compás abandolao.
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Se suele hablar de fandango abandolao como puente entre el festejo verdialero y el cante flamenco sin compás.
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Malagueña ad libitum (cante libre)
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El siguiente paso es la liberación del compás: desaparece el sostén rítmico de los verdiales y del abandolao, y la guitarra acompaña con un aire que recuerda ese origen, pero el cante se mueve con libertad expresiva, jugando con el tempo y los silencios.
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Es aquí donde hablamos ya, en sentido estricto, de malagueñas flamencas: cante de concierto, de café cantante y, más tarde, de concurso y festival.
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Desde este núcleo malagueño, la estética de la malagueña influye de manera directa en palos como la granaína, la media granaína, las tarantas, tarantos, cartageneras y otros cantes de las provincias orientales, que toman la malagueña como referente melódico y formal.
En el árbol de las malagueñas, junto a figuras fundacionales como Juan Breva y La Trini, hay que situar a una amplia nómina de creadores e intérpretes que consolidan y diversifican este cante de origen malagueño, con independencia de la procedencia del cantaor. Las malagueñas del Canario, las de El Peña padre e hijo, o las de cantaores como Juan Trujillo “El Perote” y Diego “El Perote” prolongan la escuela de Málaga y fijan variantes muy reconocibles en grabaciones, peñas y festivales. En este mismo corpus se integran las malagueñas de Antonio Chacón y las de Enrique el Mellizo: aunque ambos estén vinculados a otras geografías, los estilos que crean se consideran malagueñas de origen malagueño, pues toman como base el modelo musical y estético de los cantes de Málaga. Esto refuerza la idea de que es el cante —su estructura, su melodía y su genealogía— el que define el origen del estilo, y no el lugar de nacimiento de quien lo interpreta o lo recrea.
Modelo musical de la malagueña: temple, quejío y vuelo melódico
Aunque existen muchas variantes personales, las malagueñas comparten un modelo musical reconocible, que la musicología ha descrito con bastante precisión:
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Son cantes libres de compás, pero en la guitarra se adivina todavía el eco del abandolao originario en la introducción y en ciertos giros de los bordones.
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El temple de la voz es largo y quejumbroso: el cantaor “coloca” la afinación y el tono emocional antes de entrar en la letra.
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La melodía se mueve sobre el llamado modo flamenco, con abundantes melismas y notas de adorno, hasta que en muchos estilos se produce un paso al relativo mayor, que aporta un contraste de luz dentro de un cante muy cargado de tensión.
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Las diferencias entre estilos de malagueñas se basan, sobre todo, en la melodía fijada por cada creador: giros, cadencias, zonas graves o agudas, forma de rematar, etc.
En términos formales, puede resumirse así:
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Introducción de guitarra, a menudo con carácter abandolao.
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Temple largo de la voz.
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Desarrollo de la copla, con uno o varios tercios extensos.
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Remate que puede conducir a un abandolao u otro cante afín en algunas interpretaciones.
El resultado es un cante muy exigente, tanto para la voz como para la guitarra, que requiere un gran control de la afinación y del fraseo para que la libertad no se convierta en desorden.
Juan Breva y la malagueña: un pionero de Málaga
Cualquier aproximación seria a las malagueñas tiene que detenerse en Antonio Ortega Escalona, “Juan Breva”, figura clave de la Málaga del siglo XIX. Cantaor de enorme popularidad en su época, con presencia en cafés cantantes de Málaga, Cádiz, Córdoba y Sevilla, se le reconoce como:
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Impulsor de los cantes de Málaga, especialmente verdiales, fandangos abandolaos y malagueñas.
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Creador de estilo, con malagueñas propias y coplas de su autoría.
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Referencia para varias generaciones de cantaores y cantaoras malagueños posteriores.
A partir de Juan Breva, los cantes por malagueñas entran en un proceso evolutivo: otros intérpretes crean sus propias variantes, manteniendo el aire malagueño pero aportando melodías nuevas. Así, surgirán malagueñas asociadas a nombres como El Canario, La Trini, Niño de Vélez, La Peñaranda, Niño Tomares, Ojana, etc., que conforman el “árbol” de las malagueñas.
En el presente, la huella de Juan Breva se mantiene viva en espacios como la Peña Juan Breva y su Museo de Arte Flamenco, donde se conserva documentación, objetos y grabaciones que permiten seguir estudiando su figura y su aportación a los cantes de Málaga.
La Trini: creadora de malagueñas y “reina” del cante de Málaga
Entre los nombres que desarrollan el legado de Juan Breva, destaca de forma especial Trinidad Navarro Carrillo, “La Trini”, una de las grandes cantaoras de finales del XIX y principios del XX.
Diversos estudios coinciden en señalar que:
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Fue discípula de Juan Breva, como buena parte de la escuela malagueña de su tiempo.
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Se consolidó como creadora de varios estilos de malagueña, reconocibles por su línea melódica y su forma de rematar.
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En los cafés cantantes, era considerada auténtica “reina de la malagueña”, hasta el punto de inspirar elogios encendidos de cronistas y compañeros de profesión.
La Trini aporta al cante por malagueñas un sello de elegancia, melancolía y fuerza expresiva, que será referencia para muchas cantaoras posteriores. Desde una perspectiva de genealogía flamenca, puede afirmarse que entre Juan Breva y La Trini se fija buena parte del modelo malagueño que después recrearán otros artistas.
Estructura poético-musical y temas de las malagueñas
En el plano poético, las malagueñas suelen moverse en torno a la copla de cuatro versos octosílabos, a veces con ligeras variaciones. Las letras abordan una amplia gama de temas:
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Amor y desamor, celos, despedidas.
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Muerte, enfermedad y religiosidad popular, con referencias a vírgenes, santos y promesas.
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Vida cotidiana, pobreza, trabajo o emigración, especialmente en una Málaga de fuerte transformación económica en el siglo XIX.
Lo decisivo no es solo el texto, sino la manera de decirlo: los tercios se estiran, se quiebran, se llenan de melismas y silencios que convierten la letra en un verdadero relato jondo, donde importa tanto lo que se cuenta como el modo en que se suspende y se resuelve cada frase.
De la malagueña a la granaína y los cantes de Levante
Una vez cristalizada como cante libre, la malagueña se convierte en modelo para otros palos de Andalucía oriental y del área minera levantina. En esa línea, numerosos autores subrayan que:
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Las malagueñas funcionan como prototipo de muchos cantes derivados del fandango andaluz en las provincias orientales.
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Palos como la granaína, la media granaína, las tarantas, tarantos o cartageneras se apoyan en soluciones melódicas y estructurales que tienen en la malagueña un eslabón intermedio entre el fandango local y el cante flamenco plenamente desarrollado.
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En el caso de la granaína, su modelo musical se entiende mejor si se toma como referencia la malagueña flamenca, tanto por la libertad rítmica como por el tipo de cadencias y modulaciones.
Dicho de otro modo: la malagueña no solo es un cante de Málaga, sino un punto de inflexión en la construcción de todo un grupo de palos jondos que se expanden hacia Granada, Almería, Murcia y la cuenca minera de Cartagena–La Unión.
Malagueñas de Enrique «El Mellizo y Chacón»
Tomando como base el trabajo de Tamara García en el Diario de Cádiz (20 de enero de 2019), donde se recupera el célebre pasaje de Escenas andaluzas de Serafín Estébanez Calderón y la lectura que de él hace José Manuel Gamboa, resulta especialmente revelador que el autor malagueño hable de una malagueña “por el estilo de la Jabera”, con “arranque a lo malagueño muy corrido y con mucho estilo”, aunque el propio narrador subraye que se trata de “otra cosa nueva” respecto a la malagueña ya conocida. La combinación de varios elementos —la nomenclatura explícita de “malagueña”, la referencia directa a la Jabera como modelo, el carácter innovador del cante de Dolores Jacoba Ortega Díaz y el momento histórico de auge y expansión de este palo— permite sostener, al menos como hipótesis sólida, que las dos versiones que hoy se conocen como malagueña doble y malagueña chica del Mellizo se inscriben de pleno derecho en el cuerpo histórico de las malagueñas, sin necesidad de desarraigarlas de su marco geográfico originario ni de reubicar artificialmente su procedencia por motivos de sesgo localista.
A la luz de esta documentación, y de la revisión crítica de las fuentes orales, parece además obligado matizar —cuando no descartar— el ensueño de explicar la génesis de la malagueña mellicera a partir de una supuesta audición de cantos gregorianos por parte de Enrique el Mellizo: dicha teoría procede casi en exclusiva de los relatos tardíos de Pericón de Cádiz, transmitidos vía el padre de Caracol y recogidos por Ortiz Nuevo, sin que exista hasta la fecha respaldo hemerográfico, documental ni analítico que la confirme, más allá de coincidencias tonales o del uso puntual de prefacios litúrgicos como recurso efectista en algunas versiones modernas.
En la misma línea comparativa, puede aducirse el caso de la malagueña de don Antonio Chacón, cantaor que vivió, trabajó y mantuvo una intensa vinculación afectiva con Málaga durante años, circunstancia que hace perfectamente plausible que buena parte de su estilística malagueñera se fraguase en contacto directo con los modelos locales. Resulta, por tanto, poco coherente aceptar como argumento de autoridad el peso de determinadas biografías para “arrimar” otros cantes a geografías concretas y, sin embargo, minimizar esa misma lógica cuando se trata de Enrique el Mellizo o de Chacón en relación con Málaga. En este contexto, cobra especial sentido la conclusión de José Manuel Gamboa, citada en el artículo del Diario de Cádiz, cuando afirma que “de La Dolora de Cádiz parte la concepción de la malagueña del Mellizo”: el estilo atribuido al cantaor gaditano aparece así como culminación de un proceso de sedimentación previo, cuya primera formulación documentada sigue siendo, en todo caso, una malagueña enraizada en el universo malagueñero.
Malagueñas hoy: festivales, estudios y nuevas lecturas
En la actualidad, las malagueñas siguen ocupando un espacio relevante en:
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Festivales y concursos de Cante Jondo, donde suelen figurar entre los cantes libres de referencia, junto a siguiriya o granaína.
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Programas especializados y plataformas de divulgación y formación, que dedican apartados específicos a malagueñas de autor (El Canario, La Peñaranda, etc.) y a su acompañamiento a la guitarra.
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Propuestas escénicas que dialogan entre música culta y Flamenco, donde las malagueñas aparecen como puente entre tradición local y formas de concierto.
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Los circuitos de festivales y concursos del área minera y levantina, donde se mantiene vivo el parentesco entre malagueña, granaína y cantes de Levante.
Paralelamente, la investigación musicológica y flamencológica sigue profundizando en:
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El papel de Málaga como origen y motor de este grupo de cantes.
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La reconstrucción de estilos históricos a partir de grabaciones antiguas.
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El análisis del árbol de variantes de malagueñas de autor y su relación con los contextos sociales en que se cantaban (cafés cantantes, peñas, concursos…).
Preguntas frecuentes sobre las malagueñas
1. ¿Las malagueñas son un palo de fiesta o de concierto?
Originalmente, las malagueñas nacen del folclore festivo (verdiales y fandangos abandolaos), pero su forma flamenca ad libitum se consolida sobre todo como cante de concierto y de café cantante, pensado para la escucha y el lucimiento del cantaor. Hoy pueden aparecer en contextos muy variados, pero su carácter principal sigue siendo el de cante de escenario.
2. ¿Por qué se dice que las malagueñas son tan difíciles?
Porque exigen:
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Amplia tesitura (subidas y bajadas de registro muy marcadas).
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Gran control de la afinación, al no haber compás que “sujete” la frase.
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Capacidad para ornamentar sin perder la línea melódica.
Por eso se consideran uno de los cantes donde mejor se aprecia el nivel técnico y expresivo de un intérprete.
3. ¿Qué diferencia hay entre una malagueña y una granaína?
Ambas comparten:
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Carácter de cante libre.
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Procedencia del fandango andaluz.
Sin embargo, la malagueña mantiene un aire más directamente vinculado a los cantes de Málaga y a su folclore, mientras que la granaína desarrolla un sabor propio, asociado a Granada y a su entorno, con giros melódicos y maneras de rematar diferentes. Desde el punto de vista histórico y musical, puede decirse que la granaína toma como modelo la malagueña, pero no se confunde con ella.
4. ¿Siguen creándose nuevos estilos de malagueñas?
Hoy es menos frecuente que un cantaor sea reconocido como creador de estilo de malagueña, en el sentido clásico de Juan Breva o La Trini. Lo habitual es que los intérpretes trabajen sobre estilos ya fijados, aportando matices personales. Aun así, algunos artistas contemporáneos han propuesto relecturas y pequeñas variaciones que enriquecen el árbol de las malagueñas sin romper con sus líneas maestras.
5. ¿Qué relación tienen las malagueñas con los cantes minero-levantinos?
La relación es doble:
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Históricamente, la malagueña y la granaína están en el origen de ese grupo de palos, porque muchos obreros andaluces llevaron estos cantes a las zonas mineras, donde se mezclaron con fandangos locales.
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Musicalmente, comparten la condición de cantes libres y ciertos giros melódicos, aunque las letras y el imaginario de los cantes minero-levantinos se centran más en el mundo del trabajo en la mina y sus durezas.
Conclusión: Málaga como raíz de un árbol de cantes
Las malagueñas son mucho más que un palo asociado a una provincia: constituyen un núcleo generador dentro del Flamenco. Desde los verdiales y los fandangos abandolaos hasta el cante libre de concierto, la malagueña sintetiza el paso del folclore local al Cante Jondo culto, sin perder la memoria de los barrios, los montes y los cafés cantantes de Málaga.
En su estela se dibuja un árbol frondoso de estilos —Juan Breva, La Trini, El Canario, La Peñaranda, Niño de Vélez…— y un conjunto de palos emparentados (granaína, cantes de Levante, rondeñas, tarantas, tarantos, cartageneras…) que no se comprende del todo si se olvida la raíz malagueña.
Para quien se acerca al Flamenco con voluntad de estudio, las malagueñas son un punto de paso obligatorio: escuchar y analizar sus estilos es, en buena medida, entender cómo Málaga ha marcado el rumbo de buena parte de lo jondo.
Flamencología.org

Juan Breva, el cantaor flamenco con más repercusión del siglo XIX.
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