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viernes, 15 mayo, 2026
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¿Son gaditanas las malagueñas del Mellizo y de Chacón?

Un recorrido crítico por las fuentes históricas, La Dolora, Enrique el Mellizo y don Antonio Chacón para aclarar si sus estilos deben llamarse malagueñas gaditanas o siguen perteneciendo al tronco malagueño de las malagueñas.

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Recreación de un café cantante

Introducción: cuando el cante se quiere “cambiar de tierra”

En las últimas décadas se ha extendido, en determinados discursos flamencológicos, la costumbre de hablar de las malagueñas de Enrique el Mellizo y de don Antonio Chacón como “malagueñas de Cádiz” e incluso, en versiones más extremas, simplemente como “gaditanas”. El argumento suele apoyarse en la procedencia de los cantaores (Cádiz y Jerez) y en la enorme impronta que ambos dejaron en el palo.

Sin embargo, si atendemos a la documentación histórica, a la nomenclatura empleada en el siglo XIX y a la propia configuración musical del palo, la pregunta que debemos hacernos no es tanto si sus malagueñas son gaditanas, sino: ¿cuánto hay de Málaga en lo que hoy se canta como malagueña del Mellizo y malagueña de Chacón?

Para responder, conviene regresar a algunas fuentes clave y al debate abierto en torno a La Dolora, la malagueña de la suegra del Mellizo, recuperada recientemente por la prensa gaditana. Diario de Cádiz


Malagueñas: un palo con apellido de Málaga

Antes de territorializar estilos concretos, es fundamental recordar lo obvio: la malagueña es un palo que nace de los fandangos malagueños y cuyo propio nombre la vincula, desde su origen, al ámbito malagueño. YouTube

La evolución que lleva del fandango verdialero y la malagueña abandolá a la malagueña ad líbitum —ya liberada de compás, más cercana al cante para adelante que al baile— se produce en un contexto donde Málaga es foco creador y exportador de modelos melódicos hacia el resto de Andalucía y hacia los cantes de levante.

En este marco, lo esperable no es que aparezcan de la nada “malagueñas gaditanas”, sino que cantaores de otras tierras (Cádiz, Jerez, etc.) tomen ese tronco malagueño y lo recreen con su sello. Es decir: el cantaor puede ser gaditano; el palo sigue siendo malagueña.


La Dolora de Cádiz y la malagueña del Mellizo

El artículo de Tamara García en el Diario de Cádiz (20 de enero de 2019) sobre el hallazgo documental de la grabación de la malagueña del Mellizo recupera un pasaje decisivo: el capítulo Asamblea general de las Escenas andaluzas (1846), de Serafín Estébanez Calderón. Diario de Cádiz+1

En esa escena, Estébanez describe una reunión flamenca en Triana donde canta Dolores Jacoba Ortega Díaz, que la investigación identifica como la futura suegra de Enrique el Mellizo. La joven interpreta una malagueña “por el estilo de la Jabera”, pero los presentes afirman que lo que canta no es la malagueña ya conocida, sino:

  • “otra cosa nueva”,

  • con diversa entonación,

  • distinta caída,

  • mayor dificultad,

  • hasta el punto de proponer que se la llame “La Dolora” por el nombre de la cantadora.

Estébanez describe el cante con detalle: arranque “a lo malagueño muy corrido y con mucho estilo”, retracción posterior hacia giros cercanos al Polo Tobalo, con gran hondura, y subida final al primer entono. Diario de Cádiz

Esta estructura tripartita (arranque malagueñero, sección central más honda de corte polínico, remate en altura) casa sorprendentemente bien con lo que después la tradición conocerá como malagueña doble y malagueña chica del Mellizo. De ahí que José Manuel Gamboa, citado en el propio artículo, concluya que «de La Dolora de Cádiz parte la concepción de la malagueña del Mellizo». Diario de Cádiz+1

Lo relevante aquí, para nuestro tema, es que:

  1. Estébanez habla de una “malagueña”, no de un cante nuevo ni de un estilo gaditano.

  2. La referencia explícita es a la Jabera, modelo malagueño por excelencia.

  3. La primera formulación documentada de lo que luego se asociará al Mellizo aparece ya nombrada como malagueña y vinculada al universo malagueño, aunque la escena se sitúe en un círculo de artistas gaditanos y trianeros.

Es decir: el texto decimonónico no avala en absoluto la idea de una “génesis gaditana” del palo, sino la maduración de un estilo de malagueña en manos de artistas vinculados a Cádiz.


¿Cantos gregorianos? Entre el mito y la falta de documentos

Otra de las vías con las que se ha intentado “desmalagueñizar” la malagueña del Mellizo es el conocido relato según el cual Enrique habría creado su estilo tras escuchar cantos gregorianos o los órganos de las iglesias gaditanas. Diversas fuentes divulgativas hablan de una malagueña “inspirada en cantos gregorianos”, aunque casi siempre con fórmulas como “se dice que” o “presuntamente”.

Cuando se rastrea la cadena de transmisión, el origen de esta teoría parece residir en testimonios orales muy tardíos, a través de intérpretes del siglo XX, y no en documentos de época. Ninguna de las fuentes hemerográficas del XIX ni principios del XX que se han ido sacando a la luz en los últimos años corrobora tal anécdota, mientras que sí tenemos, en cambio, la descripción precisa de Estébanez y el análisis posterior de Gamboa y otros investigadores. Diario de Cádiz+1

En términos de método histórico, la balanza es clara:

  • De un lado, un texto de 1846 donde se habla de una malagueña con rasgos muy próximos al estilo mellicero, cantada por la suegra del Mellizo.

  • Del otro, una hipótesis sugestiva pero sin sostén documental firme, basada en tradiciones orales reconstruidas muchas décadas más tarde.

Sin negar que puedan existir afinidades melódicas entre ciertos giros de la malagueña y el repertorio litúrgico, la explicación de la malagueña del Mellizo como derivación directa del canto gregoriano, además de difícil de demostrar, contribuye a desconectar artificialmente el estilo de la genealogía malagueña de la que, todo indica, procede.


Antonio Chacón: un “don” que también bebe de Málaga

El caso de Antonio Chacón suele utilizarse igualmente para defender la idea de “malagueñas de Cádiz”. Se argumenta que, al ser un cantaor jerezano que elevó el palo a cotas de virtuosismo extraordinarias, sus malagueñas deberían entenderse como un capítulo “gaditano” diferenciado.

Pero la biografía del propio Chacón matiza este enfoque. Sabemos que el cantaor:

  • destacó precisamente en malagueñas, granaínas y cartageneras, hasta el punto de ganarse el apelativo de “don” por su maestría en esos estilos;

  • pasó por una etapa de aprendizaje profundo en el Café de Chinitas de Málaga, donde residió y vivió una intensa historia amorosa;

  • y que una de sus malagueñas presenta claras influencias de la malagueña de Trinidad Navarro “La Trini”, cantaora malagueña fundamental en la historia del palo.

Si aceptamos, sin demasiado problema, que otros estilos se “arriman” a una geografía concreta porque un cantaor pasó allí unos años, ¿por qué resulta tan incómodo reconocer que Chacón pudo aprender y modelar sus malagueñas en contacto directo con las fuentes malagueñas, para luego universalizarlas desde escenarios de Cádiz, Sevilla o Madrid?

La respuesta no está en la musicología, sino en los sesgos localistas que atraviesan parte del discurso flamencológico.


¿Tiene sentido hablar de “malagueñas gaditanas”?

Todo lo anterior nos devuelve a la pregunta inicial:

¿Tiene sentido hablar de “malagueñas de Cádiz” o “gaditanas” cuando nos referimos a las malagueñas del Mellizo y de Chacón?

A la luz de las fuentes:

  • El nombre del palo sigue siendo malagueña;

  • la referencia matriz de La Dolora es la Jabera y el arranque “a lo malagueño”; Diario de Cádiz

  • tanto en el caso del Mellizo como en el de Chacón, lo que tenemos son recreaciones personales de un palo ya existente, no la invención ex nihilo de un género gaditano nuevo.

Otra cosa es que, por comodidad analítica, pueda hablarse de “escuelas de interpretación” (la escuela gaditana de malagueñas del Mellizo, la estilística de Chacón, etc.). Pero una cosa es una escuela de estilo, y otra pretender que el palo cambie de “nacionalidad” y deje de ser lo que su propio nombre indica.


Conclusión: Mellizo y Chacón dentro del cuerpo histórico de las malagueñas

El hilo que va de La Dolora a la malagueña del Mellizo y la posterior construcción de las malagueñas de don Antonio Chacón no dibuja una ruptura con Málaga, sino precisamente lo contrario: muestra cómo modelos malagueños previos se transforman, se enriquecen y se fijan en la voz de dos gigantes del cante vinculados a Cádiz y Jerez. Diario de Cádiz+1

En este contexto, la célebre fórmula de José Manuel Gamboa«de La Dolora de Cádiz parte la concepción de la malagueña del Mellizo»— no invita a bautizar el estilo como “gaditano”, sino a entender que la primera formulación documentada de lo que luego será canon mellicero sigue siendo, en todos los sentidos relevantes, una malagueña: llamada así, emparentada con la Jabera y enraizada en la tradición malagueña del palo.

Por tanto, y desde el rigor histórico y musical, parece más ajustado hablar de:

  • malagueñas del Mellizo y

  • malagueñas de Chacón,

como grandes estilos personales dentro del corpus de las malagueñas, antes que como “malagueñas de Cádiz” o “gaditanas” en sentido estricto. El cantaor podrá ser gaditano o jerezano; pero el apellido del palo —malagueña— sigue recordándonos, tozudamente, de dónde viene.

Jesús D. López

Flamencología.org

Malagueñas: origen, modelo musical y escuela de Málaga

Enrique «El Mellizo».

 

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