Concurso Nacional de Saetas: Esperanza Garrido gana la histórica 50 edición en Málaga
Hablar hoy del Concurso Nacional de Saetas es hablar de la gran institución del calendario saetero andaluz. Bajo su denominación oficial de Concurso Nacional de Saetas “Ciudad de Málaga”, y organizado por la Peña Recreativa Trinitaria, el certamen volvió a demostrar el pasado domingo 22 de marzo por qué mantiene una autoridad singular dentro de este ámbito del Flamenco. No se trata solo de una cuestión de antigüedad o de continuidad, aunque ambas importan mucho, sino de una trayectoria construida durante décadas sobre una idea muy concreta: premiar la excelencia y preservar unos criterios serios en torno al cante por saetas.
La gran final, celebrada en el Teatro Cervantes desde las 18:00 horas, concentró el simbolismo de una efeméride mayor: la 50 edición de un concurso que, con razón, puede presentarse en clave de marca como el Concurso Nacional de Saetas. Su peso histórico está lejos de ser un eslogan vacío, es un prestigio acumulado edición tras edición, del valor simbólico de sus premiados y de la seriedad con la que tradicionalmente se ha entendido el fallo del jurado. El nombre “Ciudad de Málaga” identifica su sede y su arraigo; pero, en términos culturales, artísticos y de reconocimiento dentro del sector, estamos ante un certamen que desborda lo local y se proyecta como referencia nacional.
Una final a la altura de medio siglo de historia
La edición de 2026 llegaba, además, rodeada de un evidente clima conmemorativo. Medio siglo que no ha alcanzado por inercia. Se ha alcanzado por mor de una convocatoria que ha sabido mantenerse fiel a una línea, adaptarse a los tiempos sin perder su centro y conservar el respeto de aficionados, artistas y especialistas. Por eso esta final fue una cita del calendario cofrade y cultural de Andalucía por su manera de entender la saeta como disciplina artística de máxima exigencia.
El Teatro Cervantes acogió una velada de gran expectación, excelentemente presentada por Pepelu Ramos, en la que se respiró tanto solemnidad como emoción. Málaga volvió a situar la saeta en un espacio escénico de primer orden, algo que no es menor: elevar este cante a un teatro emblemático significa reconocerlo como una pieza central, no como adorno periférico de la Cuaresma. Es elevarlo a una manifestación artística con entidad propia. A ello se sumó la atención institucional y mediática de una edición especialmente señalada, con la presencia de representantes públicos como el Alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, miembros del mundo académico y la difusión de la final más allá de la propia sala.
Esperanza Garrido, una ganadora merecidísima
El fallo, conocido en torno a las 21:00 horas, proclamó vencedora a la cantaora Esperanza Garrido, de Granada, cuya actuación confirmó las altas expectativas que ya venía despertando con sus dos saetas malagueñas (seguiriya y martinete). Su primer premio reconoce una noche afortunada y una línea ascendente y una forma de afrontar la saeta con personalidad, temple y sentido de la medida.
En este tipo de concursos, donde confluyen sensibilidad religiosa, técnica vocal, intuición expresiva y conocimiento estilístico, no basta con emocionar de manera inmediata. Hace falta también construcción del cante, verdad expresiva y capacidad para sostener el discurso musical con solvencia. Esperanza Garrido respondió a ese reto con autoridad. Su triunfo, desde mi punto de vista, fue plenamente merecido y deja la impresión de que estamos ante una saetera con recorrido, madurez creciente y un futuro importante dentro de este repertorio.
Un palmarés de mucho nivel
Junto al primer premio de Esperanza Garrido, la final dejó un palmarés que habla muy bien del nivel global de esta 50 edición. La segunda plaza fue para María Ángeles Cruzado, de Moguer (Huelva), mientras que el tercer puesto recayó en Ríos Cabrillana, de El Burgo (Málaga). El Premio Especial Memorial José Atencia García al mejor saetero malagueño fue para Juan Antonio Morales.
Completaron la relación de reconocidos Antonio Porcuna “El Veneno” de Adamuz (Córdoba), Araceli Campillos de Lucena (Córdoba) y Miguel Ángel Lara “El Canario” de la provincia de Sevilla, distinguidos con sus correspondientes accésits. Más allá del reparto de galardones, lo relevante es que la final volvió a reunir perfiles distintos, procedencias diversas y una competencia artística capaz de sostener el prestigio de la convocatoria. Ese es, precisamente, uno de los grandes activos de este concurso: no premiar de espaldas al nivel general, sino proyectar una imagen de rigor compartido.
El prestigio de un concurso se construye también desde el jurado
Buena parte de la legitimidad histórica del Concurso Nacional de Saetas se explica, precisamente, por la seriedad con la que se ha cuidado siempre la composición del jurado. La edición de 2026 contó con un panel amplio y cualificado, presidido por el cantaor y estudioso del Flamenco Don Antonio Calderón e integrado por; el histórico flamencólogo y decano de la Cátedra de Flamenco de Jerez, Don Gonzalo Rojo Guerrero; el estudioso y flamencólogo Don Enrique Luis López Barrionuevo; el maestro y compositor Don Pedro Gordillo; el tocaor y compositor Don José Satorre y el flamencólogo y académico Don Jesús López. Todos ellos fiscalizados por el secretario del jurado y miembro de la peña Don Francisco Carrasco Rivero.
No todos los jurados escuchan desde el mismo lugar, y eso forma parte de la riqueza del proceso. Hay quien pone más atención en la afinación, quien prioriza el conocimiento de los estilos, quien valora especialmente la transmisión o quien atiende con más detalle a la arquitectura del cante o quién lo hace todo en su conjunto. Pero precisamente por eso el prestigio del concurso descansa en la convivencia de miradas expertas y en el respeto a unos cánones de excelencia compartidos. El resultado no es una unanimidad mecánica, sino un consenso serio dentro de un marco de exigencia.
Paco Márquez, corazón de la Peña y del concurso
Si hay una figura indisociable de esta historia reciente, esa es Paco Márquez. Hablar del Concurso Nacional de Saetas en Málaga es, en buena medida, hablar de su energía organizativa, de su constancia y de su capacidad para sostener durante años una empresa cultural de enorme complejidad. En términos humanos y simbólicos, ha sido el corazón que ha irrigado vida tanto a la Peña Trinitaria como al propio certamen.
Por eso resultó especialmente emotivo que, en el marco de esta edición conmemorativa, anunciara en el propio Teatro Cervantes su despedida. Hay gestos que resumen una época, y este fue uno de ellos. Su nombre queda ya unido a una etapa decisiva del concurso, por la gestión o por la continuidad institucional y por haber sabido defender una idea de calidad, de identidad y de responsabilidad cultural en torno a la saeta.
No le arriendo las ganancias al sucesor Paco González que tiene una labor muy complicada por delante debido a las inevitables comparaciones con la trayectoria y el hacer de Don Paco Márquez. Pero ojo, hay que apoyar y acompañar al que, valientemente, toma el testigo para enfrentar una nueva etapa. Paciencia, pedagogía y cintura es lo que le recomiendo al sr. González. Debe tener su espacio para labrar su camino como presidente de la Peña Trinitaria.
Mucho más que un concurso
La 50 edición del Concurso Nacional de Saetas ha confirmado, en definitiva, que Málaga conserva la más grande cita de este género. Y lo hace desde una posición que combina tradición, prestigio, proyección y criterio. El triunfo de Esperanza Garrido, el alto nivel del palmarés, la seriedad del jurado y la carga simbólica de esta edición jubilar componen una fotografía muy elocuente: la saeta sigue viva cuando se cuida con conocimiento, con respeto y con ambición cultural.
Creo firmemente que ahí reside la verdadera fuerza del certamen. No se trata de repartir premios, se trata de marcar y seguir marcando un estándar. En un tiempo en el que tantas etiquetas se desgastan con facilidad, este concurso continúa justificando la suya. Por eso, cuando decimos Concurso Nacional de Saetas, no estamos exagerando: estamos nombrando una historia de medio siglo que Málaga ha sabido convertir en patrimonio vivo.
Jesús D. López
Flamencología.org

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FAQ
¿Quién ganó el Concurso Nacional de Saetas 2026 en Málaga?
La ganadora fue Esperanza Garrido, cantaora de Granada, en la final celebrada el 22 de marzo de 2026 en el Teatro Cervantes.
¿Quién organiza el Concurso Nacional de Saetas “Ciudad de Málaga”?
El certamen está organizado por la Peña Recreativa Trinitaria, una entidad fundamental en la vida cultural y saetera de Málaga.
¿Cuándo se celebró la final de la 50 edición?
La final tuvo lugar el domingo 22 de marzo de 2026, con inicio a las 18:00 horas, y el fallo se conoció en torno a las 21:00 horas.
¿Quiénes ocuparon los principales puestos del palmarés?
Tras Esperanza Garrido, el segundo puesto fue para Mari Ángeles Cruzado y el tercero para Ríos Cabrillana. El premio especial al mejor saetero malagueño recayó en Juan Antonio Morales.
¿Por qué tiene tanto prestigio este concurso?
Porque reúne trayectoria, antigüedad, continuidad, seriedad organizativa, jurados cualificados y un historial de premiados de nivel, lo que le ha dado una autoridad singular dentro del panorama saetero.







